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Hoy esta palabra sirve para designar, en términos generales, el cambio de mentalidad que se produjo en Europa, esencialmente durante el siglo XVI.
Las personas aspiraron a vivir serenamente con los pies en la tierra, en el mundo concreto. Criticaron la insistencia cristiana y medieval en la caída del hombre en un mundo de infamia tras el pecado original, y su consecuencia: la propensión a lo maravilloso y a lo irreal, en particular por parte de los artistas.