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Escuchar y ordenar cuentos
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Escuchar y ordenar cuentos


ESCUCHAR LOS CUENTOS Y ORDENAR LAS SECUENCIAS CORRESPONDIENTES.


CONTENIDO

Los archivos descargables incluyen:

  • -6 historias
  • -1 guía pedagógica y 1 manual de uso
  • -Los textos de las historias


- 32 FICHAS de 11,2 x 7,8 cm. para el desarrollo de los 6 cuentos.




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29,99 €
Impuestos incluidos

+

OBJETIVOS PSICOPEDAGÓGICOS
JUEGO DE SECUENCIAS que permite el desarrollo de numerosos aspectos del desarrollo
psicológico de los niños:
- Adquisición de la noción del tiempo.
- Desarrollo de la secuencia temporal lógica mediante la puesta en orden de las distintas
escenas.
- Aprendizaje de nociones de tiempo (antes, luego, después,…).
- Desarrollo de la escucha.
- Estimulación y enriquecimiento del lenguaje: estimula la expresión oral del niño
permitiéndole a la vez estructurar su lenguaje. Permite la adquisición de vocabulario y
la asimilación de estructuras lingüísticas complejas.
- Facilita el aprendizaje de otros idiomas.
EDAD RECOMENDADA
A partir de 3 años.
DESCRIPCIÓN

- A cada CUENTO se le atribuye un color diferente para facilitar su clasificación:
* LOS TRES CERDITOS…… : 5 fichas azules.
* PULGARCITO…………………... : 5 fichas rosas.
* LA LIEBRE Y LA TORTUGA ………. : 5 fichas lilas.
* EL GATO CON BOTAS……………... : 5 fichas verdes.
* CENICIENTA………….…………. : 6 fichas amarillas.
* PINOCHO………………………….. : 6 fichas rojas.
SISTEMA DE AUTOCORRECCIÓN EN EL DORSO DE LAS FICHAS: una numeración correspondiente a
cada cuento (del 1 al 5 o 6), según su orden de narración.


MODO DE USO Y RECOMENDACIONES
El niño debe en primer lugar escuchar la grabación, antes de poner las fichas en orden de
secuencia. En una segunda escucha, podrá poner las fichas en el orden cronológico
del cuento. Al final de la lectura del cuento, podrá mirar el dorso de las fichas para verificar si
están correctamente ordenadas. Finalmente, deberá poder contar el cuento y
ordenar las fichas sin recurrir a la grabación.


DESARROLLO DE LAS ACTIVIDADES
1. Escucha atentamente el cuento antes de poner las fichas en orden cronológico.
2. El niño escogerá, entre todas las fichas, la que corresponde a la secuencia de
la grabación. Al final del relato, dará la vuelta a las fichas para verificar si están en
orden de numeración del 1 al 5 (o 6).
3. Cuando el niño conoce el cuento, puede ordenar las fichas sin tener que escuchar
la grabación.
4. A partir de las fichas que ha ordenado, el niño puede contar él mismo el cuento.
5. También podrá ordenar las fichas mientras cuenta él mismo el cuento.



“Los Tres Cerditos”
Tres cerditos, que eran tres hermanos, vivían en un bosque espeso. El lobo
los acechaba siempre para atraparlos.
Para escapar del lobo, decidieron hacerse cada uno una casa. El más pequeño la hizo de
paja para terminar más rápido e irse a jugar. El segundo construyó una casa de madera. Viendo
que su hermanito había terminado y se había ido a jugar, se apresuró a terminar también y fue a jugar con
él.
En cuanto al mayor, el más responsable de los tres hermanos, hizo con gran esfuerzo una sólida casa de
ladrillos. –“Ya veréis, cuando venga el lobo, lo que van a durar vuestras casas”, reprochó a
sus hermanos que se divertían en el bosque.
De repente apareció el lobo y los cerditos corrieron a esconderse en sus casas. El lobo
atacó primero la del más pequeño. Sopló y sopló y la casa de paja se derrumbó.
Perseguido por el lobo, el cerdito corrió a refugiarse con el segundo. Pero el lobo sopló y
sopló y la casa de madera se derrumbó.
Los dos cerditos huyeron, con el lobo pisándoles los talones, y lograron entrar, sin
aliento, en la casa del mayor. Una vez dentro, cerraron cuidadosamente todas
las puertas y ventanas.
El lobo dio varias vueltas a la casa, buscando la manera de entrar. Con una
gran escalera, trepó al tejado y se dejó deslizar por la chimenea. Pero el mayor de los
cerditos, que era astuto, había puesto al fuego una olla de agua.
El lobo feroz cayó en el agua hirviendo y se quemó. Huyó aullando de
dolor.
Se dice que desde entonces los tres cerditos no volvieron a oír hablar de él.


“Pulgarcito”
Pulgarcito era el último nacido de siete hermanos. Sus padres eran muy muy pobres. Comprendieron
que ya no podrían alimentar a sus hijos pero no querían verlos
morir de hambre. Con el corazón encogido, decidieron llevarlos al bosque y
abandonarlos a su suerte. Pero Pulgarcito, que era astuto, comprendió sus intenciones. Esa mañana,
su madre les dio a cada uno un trozo de pan. Pulgarcito, en lugar de comerse el suyo, hizo
migas que fue tirando una tras otra al suelo para marcar el camino. Cuando los siete
niños se encontraron completamente solos, perdidos en medio del bosque, Pulgarcito les dijo que no
se preocuparan, que sabría encontrar el camino de vuelta siguiendo las migas de pan. Pero
los pájaros se las habían comido todas. Caminando al azar, encontraron una pequeña
casa donde decidieron llamar para pedir alojamiento por la noche. La mujer que les
abrió la puerta tenía por marido a un malvado ogro que comía niños. Al ver a aquellos siete
pequeños, no tuvo el corazón de dejarlos fuera. Los hizo entrar, diciéndoles que
deberían esconderse en el sótano cuando su marido regresara. El ogro llegó, reclamando su
cena, y enseguida olió el aroma de la carne fresca. Pronto descubrió a los siete niños en
su escondite. Por suerte, su mujer lo convenció de esperar al día siguiente para comérselos
porque le había preparado un delicioso guiso de carne. Pulgarcito y sus hermanos aprovecharon
para escapar por una ventana que la mujer había dejado abierta. Pero cuando el ogro
se dio cuenta de su huida, se calzó sus botas mágicas de siete leguas y partió en su
persecución. Cansado de registrar el bosque, se tumbó a descansar y se durmió justo cerca
del lugar donde los siete hermanos se habían escondido. Pulgarcito, que era muy valiente, le quitó las
botas de siete leguas y se las puso en los pies. Las botas mágicas tomaron enseguida su talla
y con estas botas Pulgarcito pudo recorrer el bosque a toda velocidad, encontrar su casa, volver
a buscar a sus hermanos y salvarlos del malvado ogro. Con las botas de siete leguas, podía
correr más rápido que el viento y el rey lo hizo su mensajero personal.
Fue así como Pulgarcito y su familia no tuvieron que volver a sufrir hambre.

”La Liebre y la Tortuga”
Érase una vez un bonito bosque donde habitaban una liebre, una tortuga y otros
animales. Todos sabían que la liebre era ágil y rápida, pero orgullosa. Y también que la
tortuga era lenta, pero paciente y perseverante. Un día se organizó una carrera en la que se alineó
la liebre, por supuesto, pero también la tortuga.
-“Tortuga, ¿de verdad quieres hacer esta carrera? Sabes perfectamente que voy a ganarte”, se
burló la liebre, llena de orgullo y segura de sí misma.
Se dio la salida. La tortuga partió con lentitud, un pequeño paso y luego otro, mientras que la
liebre tomó la delantera en dos zancadas. Al volverse, la liebre vio a la tortuga muy por detrás de
ella. Entonces pensó que bien podía detenerse a beber. La paciente tortuga continuaba su
camino, un pequeño paso y luego otro. Después de beber, la liebre vio que la tortuga, a pesar de su
lentitud, había avanzado bastante y casi la había alcanzado. Se puso a correr de nuevo y tomó sobre la tortuga
una ventaja considerable. Viéndola tan lejos, decidió detenerse a descansar a la sombra
de un árbol. Mientras la tortuga continuaba su camino, lentamente pero sin detenerse ni para
beber ni para descansar, la liebre se durmió profundamente. Y cuando se despertó, por mucho que
corrió, la tortuga estaba tan cerca de la meta que ganó la carrera.
Así fue como la constante y paciente tortuga venció aquel día a la liebre rápida y
orgullosa.


“El Gato con Botas”
Érase una vez un molinero que, cuando murió, dejó en herencia su molino a su
hijo mayor, un asno al segundo y, al más pequeño, un gato. Pero aquel gato no era un gato
ordinario. Para ayudar a su amo, le pidió un saco y un par de botas y partió de
caza.
Mató dos perdices, las metió en el saco y fue a llevárselas al rey. -“Señor, el marqués de
Carabás mi amo os ruega que aceptéis este modesto presente”.
Un día que el rey paseaba con su hija, el gato rogó a su amo que se bañara en el
río. Luego escondió sus ropas y, cuando pasó el carruaje del rey, se puso a gritar:
“¡Socorro! El marqués de Carabás mi amo se está ahogando”. Contó que unos bandidos habían
robado a su amo sus ropas y lo habían arrojado al río. El rey lo hizo vestir con
un traje de marqués y la princesa, viéndolo tan apuesto, se enamoró de él. El rey ofreció al
joven llevarlo de vuelta a su castillo en el carruaje real.
El gato se adelantó y convenció a los campesinos que encontraba de decir al rey que los
campos que segaban pertenecían al marqués de Carabás. Y eso es lo que hicieron
cuando pasó el carruaje del rey.
El gato llegó al castillo del verdadero amo de aquellas tierras, un hombre malvado que tenía el
poder de transformarse en cualquier animal. El gato le rogó que se transformara en león
y el hombre se transformó en un león feroz. -“Eso es fácil, se burló el gato, pero seguro que no
sabes transformarte en un animal más pequeño, un ratón por ejemplo”. El hombre
se transformó en ratón. El gato se abalanzó sobre él y se lo tragó.
En ese instante, llegaba el carruaje del rey. El gato le dio la bienvenida al castillo del
marqués de Carabás. El rey se maravilló al ver aquel castillo y pensó que el marqués sería
un buen marido para su hija.
Y fue así como, gracias al ingenio del Gato con Botas, el hijo del molinero, convertido en marqués de
Carabás, se casó con la hija del rey.

“Cenicienta”
Érase una vez una joven y hermosa huérfana que se llamaba Cenicienta. Vivía con
su madrastra y sus dos hermanastras, que estaban celosas de su belleza y la hacían trabajar sin
cesar.
Un día, fueron invitadas a un baile dado en el palacio por el príncipe, pero Cenicienta no tuvo el
derecho de ir, porque debía fregar el suelo y preparar la cena para su regreso.
Al quedarse sola, Cenicienta se puso a llorar y a lamentarse de su triste suerte.
Entonces apareció el hada su madrina que le dijo:
-Cenicienta, tienes buen corazón, mereces ir a la fiesta.
Y con un gesto de la mano, el hada transformó sus pobres ropas en un vestido magnífico. Transformó
una calabaza en carruaje, cuatro ratones en caballos y cuatro lagartos en cocheros.
Y le dijo a Cenicienta:
-No olvides una cosa, deberás haber regresado antes de medianoche, pues entonces todo volverá a ser como
antes.
Cenicienta partió al baile en ese mismo instante.
Durante toda la fiesta, el príncipe solo la miró a ella y bailaron juntos toda la noche. Los
invitados se preguntaban quién era aquella hermosa joven e incluso sus hermanastras no supieron
reconocerla. Cenicienta era tan feliz que solo se acordó de la advertencia del hada en el
momento en que oyó la primera campanada de medianoche. Abandonó el palacio tan precipitadamente que
perdió uno de sus zapatos de cristal.
Siendo aquel zapato lo único que le quedaba de ella, el príncipe anunció que se casaría con la
joven a quien perteneciera.
Recorrió el reino, probándolo en el pie de todas las damas, pero ninguna tenía el pie tan
fino como Cenicienta.
Cuando llegó el turno de Cenicienta, el zapato, para sorpresa de todos, le quedó perfectamente.
Entonces el príncipe y Cenicienta prometieron no separarse nunca más, se casaron y fueron muy
felices.


“Pinocho”
Érase una vez un anciano muy amable que se llamaba Geppetto. Era muy hábil
fabricando muñecos de madera. Uno de esos muñecos le pareció tan logrado que quiso
darle un nombre. “Se llamará Pinocho”, se dijo. “Qué lástima que no sea un verdadero
niño, sería para mí como un hijo”, soñaba el buen hombre que nunca había tenido
hijos.
Esa noche, mientras Geppetto dormía, el hada Azul vino a su taller. Encontró
a Pinocho tan hermoso que quiso recompensar al artista dando vida a su muñeco. A la mañana
siguiente, cuál no fue la alegría de Geppetto cuando vio que Pinocho se movía, caminaba, reía y
hablaba. Sin embargo, había seguido siendo un muñeco de madera.
Geppetto quiso dar instrucción a Pinocho y lo envió a la escuela. Allí Pinocho hizo
conocimiento del amable Grillo Parlante, que se convirtió en su mejor amigo.
Pero también se juntó con dos malos pillos y, en lugar de ir a la escuela y seguir los buenos
consejos del Grillo Parlante, iba con ellos a divertirse y a hacer travesuras. El Grillo Parlante estaba
muy triste por ello. Luego Pinocho dejó por completo de ir a la escuela y partió a la aventura.
Pronto, como no sabía ni leer ni escribir, le crecieron grandes orejas de asno y, por si fuera
poco, cada vez que decía una mentira, su nariz se alargaba y se ponía toda roja.
Un día, el Grillo Parlante supo que Geppetto había partido en busca de su querido Pinocho
en un pequeño barco de vela y que una enorme ballena se lo había tragado. El Grillo Parlante y
Pinocho se lanzaron a su vez al mar para socorrerlo.
Cuando la ballena los vio frente a ella, abrió su enorme boca y se los tragó enteros,
como había hecho con Geppetto. Así, por fin Geppetto y Pinocho estaban de nuevo
reunidos. Pero había que pensar en la manera de salir del vientre de la ballena. “Ya lo tengo, dijo el
Grillo Parlante, hagamos un gran fuego”. El fuego hizo estornudar a la ballena, que escupió enseguida el
barco y sus tres ocupantes.
Pinocho volvió a casa de Geppetto, fue todos los días a la escuela y se comportó como un niño
muy bueno. Geppetto estaba orgulloso de él y el hada Azul, para recompensarlo, lo transformó en un verdadero
niño de carne y hueso.

A1022/A30760 - 8426804307602

Referencias específicas

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